Pero no eres periodista
Escribir un libro sobre prensa sin ser periodista parece osado. Más cuando el libro se llama Te corrijo el titular.
Viví muchos procesos escribiendo este libro. Pasé horas encerrada en mi casa, consultando fuentes, recopilando notas de prensa, sorteando las dificultades que se presentan cuando cometes el delito de leer las notas completas sin pagar la suscripción mensual de los diarios y periódicos.
Lo más complejo, dentro de todo, no fue la escritura sino la revisión. Cuando leí los primeros comentarios de las editoras, me lo tomé personal. «Esto no se entiende bien. Reescribir», «¿Qué quiere decir? Explicar mejor esta idea». Por escrito y sin un rostro cuesta no sentir que tu trabajo está siendo cuestionado, pero con el pasar de las páginas esa sensación también me fue abandonando.
Me pasó algo similar la primera vez que entregué un ensayo en la universidad. Yo que me jactaba de mi buena redacción, que aprobé lenguaje siempre con notas altas, que fui elegida para escribir y leer el discurso de cuarto medio por lo bonito que quedó, fui calificada con un 4,0. Indignada, pero con fe de que se tratase de un error, me acerqué al profe y él, con paciencia, me explicó todo lo que estaba mal escrito. Años más tarde volví a leer ese trabajo y pensé en lo difícil que es mirarse a sí misma y reconocer los errores. Ese trabajo no se merecía más que la nota que tuvo.
Como profesores, estamos más acostumbrados a corregir que a ser corregidos. Le tenemos miedo a la corrección, y nos cuesta mirarla con distancia. La crítica debiese ser una herramienta para mejorar, no obstante, nos incomoda y nos pone a la defensiva.
Estoy convencida de que, como personas y más allá de nuestra profesión, nunca debemos dejar de aprender, y en esa idea cabe también la posibilidad de hacerlo mal, o hacerlo medianamente bien, y que necesitemos de otras voces para encontrar esos errores.
El ejercicio de corregir titulares es más bien un llamado a la comunidad de lectores. El análisis de prensa es muy profundo, y lo cruzan diversos elementos muy amplios que, efectivamente se abordan en el libro. Pero más allá de eso, hay algo valioso en la capacidad de cuestionar nuestro propio ejercicio – ya sea periodístico, docente o humano – y ser capaces de rectificar.
La mirada crítica, reflexiva y ética que propongo a través de la consigna de Te corrijo el titular, no es exclusiva del ejercicio pedagógico, sino de toda persona que se desenvuelve en la sociedad y siente un amor profundo por la vida democrática.

