Las políticas no quieren mover la colita

Corría el año 2010 Cuando Sebastián Piñera nombró a Carolina Schmidt como Ministra de la mujer. En ese entonces la ingeniera tenía 43 años, y la prensa, lejos de enfocarse en su trayectoria o sus posibles aportes, decidió nombrarla Miss Gabinete, reduciéndola a una etiqueta asociada a su imagen.
A diferencia de los políticos, que suelen destacar por su voz de mando, capacidad de liderazgo, sus cualidades o su claridad para enfrentar a sus opositores, las mujeres en la política son observadas desde otra óptica. No importa quien seas ni cuánto trabajes por llegar a donde estás, para los medios y la sociedad tus cartas de presentación se relacionan con tu aspecto.
El caso Camila Vallejos es digno de destacar. Y no exagero con la denominación: existen al menos dos artículos publicados en los que se analiza el trato que la prensa ha tenido con la ahora Vocera de Gobierno (Movimiento estudiantil y estereotipos de mujer en la prensa chilena: el caso de Camila Vallejo en Las Últimas Noticias, 2015; Estereotipos de género sobre Camila Vallejo en un diario sensacionalista chileno: el caso de Las Últimas Noticias, 2021). Desde su rol como dirigenta estudiantil, Vallejo ha sido blanco de titulares y notas de prensa que aluden a su cuerpo.

El 22 de agosto del año 2011, cuando Vallejo se desempeñaba como dirigentade la FECh, LUN la puso de portada junto al titular «Camila Vallejo no quiso mover la colita». Lo anterior en el contexto de una masiva movilización de estudiantes secundarios.
El titular causó repudio y fue duramente criticado. Mas no sería la última. El 26 de agosto del mismo año, tan solo unos días después, LUN publicó una nota titulada «Camila Vallejo mostó hombro y fans se le fueron encima». En el epígrafe escribieron: «Tras el momento erótico-revolucionario, se fue en taxi».
Hay muchos más ejemplos a lo largo de los años. Hoy Cooperativa sacó una nota y una seguidora me escribió que la foto escogida «no podía ser al azar». Sé que si no tuviésemos toda esta evidencia, parece en efecto una simple imagen acompañando al texto, pero creo que no lo es. Para mí los comentarios lo confirman: están llenos de hombres babosos aplaudiendo al periodista y comentando -nuevamente- sobre el cuerpo de Vallejo.
Hace pocos días reapareció la senadora Camila Flores, tras una bullada polémica con su exmarido y rumores de separación. Nuevamente, dudo mucho que la elección de fotografías sea al azar. Una mujer que hasta ahora se había posicionado en su sector político por medio de sus ideas, hoy está en el centro por su vida personal y por su elección de vestuario.

Desde la otra vereda, la expresidenta Bachelet ha comentado en múltiples ocasiones cómo su cuerpo y su forma de vestir fueron el centro de los comentarios antes, durante y después de su gobierno. Incluso, en el año 2013 el Seremi de Bienes Nacionales (Gonzalo Chacón) se refirió a ella como la gorda.
Esta invisibilización también es política. Mantener a las mujeres dentro de la esfera estética es una decisión útil, sobre todo si se tiene en cuenta el aumento de líderes femeninas de los últimos años. Sobre ello, el Observatorio de Género y Equidad considera que:
El camino de las mujeres chilenas no ha sido fácil para llegar al Congreso Nacional enfrentando los diferentes dispositivos de discriminación que una sociedad partriarcal como la chilena les impone constantemente. Por décadas no sobrepasaron el 16% de sus integrantes, aun cuando las mujeres conforman más del 50% del padrón electoral; composición similar a la de los partidos políticos. (2018).
Ninguna se salva. No importa de qué partido seas, ni que tan liberales o conservadoras sean tus ideas, la sociedad será implacable con aquellas que osen moverse un milímetro de la etiqueta asignada. Por eso para la prensa es conveniente continuar instalando estas ideas. Si para nosotros las mujeres son elegantes o vulgares, provocadoras o sensatas, escandalosas o cautas, bonitas o feas, su poder e influencia también se reducen a eso. No son competencia, no llegarán muy lejos, solo es otra mujer jugando a ser política en un espacio que no le corresponde.





